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Veladas de un Docente

Veladas de un Docente

 

"Desde mis años de juventud, hendíase mi corazón, como poderosa corriente, en el deseo de apasar las fuentes de la miseria en que veía sumido al pueblo, a mi alrededor". Pestalozzi (1746-1827)

Los fuertes problemas políticos y económicos de la Europa del siglo XVIII repercuten en las comunidades en donde habrá de trabajar sus ideas. La pobreza generalizada propicia su ilusión de crear escuelas de producción, en donde los niños huérfanos puedan, a través de su trabajo, educarse y alimentarse. Su primer centro educativo recibe el nombre de "Granja Nueva". Sus primeros centros educativos fracasan económicamente, pero las experiencias obtenidas nutren su concepción pedagógica. Entonces surge Veladas de un ermitaño (1780), obra en la que se plasman estas experiencias.

La velada de un solitario (Veladas de un ermitaño) es uno de sus primeros escritos, muy citado pero poco conocido en su obra. Es un escrito corto en el cual el autor expone su cosmovisión personal, que puede resumirse en diez puntos.Repite la descripción del estado del ser humano en cada una de las fases de su desarrollo, siendo la última la peor. Muestra los sentimientos egoístas y abusivos del estamento de la nobleza y la reacción defensiva del bajo pueblo, que se une para tener fuerza en la reivindicación de sus derechos. Pero hay medios de mejorar la humanidad, en todos los aspectos, y la dignificación de ésta constituye un deber humano.

La velada de un solitario es una brevísima obra clásica, la primera que escribió Pestalozzi y cuyo título (a diferencia de su contenido) es ampliamente conocido en el entorno profesional de la enseñanza. Se trata de una producción típica de la filosofía y la cultura del Siglo de las Luces, y que por tanto acusa la influencia de los escritores más típicos y representativos de aquella época. Aquí un Pestalozzi que cuenta menos de 34 años de edad y se encuentra lleno de entusiasmo por las ideas ilustradas y profundamente inspirado en Rousseau, expresa su filosofía y en cierto modo su programa de educación.

Unas pocas páginas valen a veces por muchas, y esta obra lo reafirma: una proclamación de principios que luego habrían de ser encarnados por el autor en instituciones de labor, y propuestos como un medio de regenerar la población no ya de un país, sino de la humanidad entera. Se trata de insistir en un nuevo modelo de educación, que muy bien podemos llamar «humanista», el cual combina los valores individuales de las personas con los intereses de la sociedad, y los ideales de libertad con los de justicia, todo ello en un sistema educativo basado en a psicología de los educandos y en un proceso «natural» de aprendizaje, sin olvidar que el fin último de la educación está en que los hombres hagan prevalecer en ellos los valores del espíritu y de la cultura sobre el egoísmo y una agresividad de nivel puramente animal.

Los demás textos seleccionados en este libro elaboran con más detalle y a partir de una experiencia práctica mayor del autor, los distintos aspectos expuestos como programa en el La velada. A lo largo de ellos, llama la tención la importancia que Pestalozzi otorga a la estimulación de actividades creativas y a la educación física, y especialmente a la formación de las clases bajas a fin de que gocen de mayores oportunidades. De particular interés es el papel que atribuye a las madres como primeras, principales y en muchos casos únicas educadoras. En muchos pasajes se puede detectar una verdadera teoría cognitiva centrada en el desarrollo cognitivo del niño, cosa que anticipa intuitivamente algunas ideas de Piaget.

Lleva a la práctica las ideas de Rousseau sobre la naturaleza del hombre y la educación: "La naturaleza instruye mejor que el hombre, de aquí que la mejor educación sea aquella que se limita a seguir el curso de la naturaleza".  Es claro que en este pasaje, concibe al profesor sólo como una circunstancia propiciadora de ayuda. Como circunstancia debe dejar libre el curso de la "naturaleza humana" y el curso de "la naturaleza como tal". A esta idea coexiste un innatismo sobre los procesos cognoscitivos, "porque en definitiva, la educación no es sino el desarrollo de las facultades que en el niño están en germen". 

La educación sólo es un auxiliar, un apoyo para el curso predeterminado de la naturaleza humana. Se resalta un psicologismo con raíz biológica, todo niño tiene todo para ser desarrollado por él mismo.Su concepción de educación da la impresión, a veces, de no ser compatible con su idea de la escuela. Si la educación sólo tiene que respetar el curso de la naturaleza, ¿qué papel desempeña la escuela? Ante una sociedad envuelta en contradicciones sociales y ético-religiosas, la naturaleza del hombre no cuenta con el apoyo que le dé un curso óptimo a lo que tiene en germen. Ante un medio árido y hostil no se desarrollan las semillas. La escuela es el espacio creado, (como los invernaderos) en donde tales semillas habrán de germinar y desarrollar su peculiar naturaleza. En este punto Pestalozzi corrige a Rousseau, en lugar de aislar al niño y establecer un individualismo que evite las contradicciones sociales y ético-religiosas, se propone un modelo de microsociedad en donde las responsabilidades y las normas de cooperación son condiciones necesarias para que el curso natural de las facultades en germen del niño florezcan. El aspecto de microsociedad de la escuela no desplaza la concepción innata y trascendente de Pestalozzi.

La educación es:"(...) el designio de conformarse con la naturaleza para desarrollar y cultivar las disposiciones y las facultades de la raza humana: corazón, espíritu y mano (...) se desarrolla según leyes eternas inmutables; y su florecimiento sólo es conforme a la naturaleza en la medida en que armoniza con esas leyes eternas de nuestra naturaleza misma".

La educación elemental debe considerar estos tres aspectos de la naturaleza del hombre:"Es una verdad incontrovertible que lo realmente educativo y formativo está únicamente en lo que alcanza al conjunto de fuerzas de la naturaleza del hombre, esto es, corazón, espíritu y mano".

Asimismo, formula la advertencia que cada una de estas fuerzas tienen leyes que rigen su desarrollo natural; las leyes de cada una de ellas son distintas entre sí. Este planteamiento es avanzado para el tiempo en el que es formulado, pues plantea el problema de la génesis de tales fuerzas, y el de las leyes que la rigen, aunque concibe un origen trascendente de tales leyes. Trascendente en dos sentidos: como expresión de la creación de Dios, y como expresión de lo innato en cuanto carácter inmutable y universal.

Tales leyes tienen un triple origen:

- La naturaleza misma de nuestro espíritu

- La materialidad de nuestra naturaleza

-Las relaciones de nuestra condición exterior con nuestra facultad de conocer.

Estos tres generan principios que, al decir de Pestalozzi, deben ser reconocidos como fundamentos de tales leyes. Algunos de estos son:

a) Los sentidos no son medios confiables de adquisición de noción exactas, es decir, numérica.

b) Los sentidos son fuente de error, no presenta la sustancia de las cosas y fenómenos.

Resalta la importancia de la memoria como condición necesaria del funcionamiento de la intuición:

"A cada intuición, profundamente impresa y hecha inolvidable en el espíritu, se encadena con gran facilidad y casi sin darnos cuenta, toda una serie de intuiciones, de nociones accesorias más o menos semejantes".

Cuando Pestalozzi plantea, que en la enseñanza se deben mostrar primero las cosas antes que las palabras sobre ellas, no apela al empirismo como pudiera suponerse, sino que tales cosas deben impresionar con su esencia, al niño, captada por su intuición. Esta es la manipulación intelectual de tales esencias. Así el aprendizaje es resultado de la intuición.

Esto no quiere decir que los sentidos son anulados: son medios que posibilitan el trabajo de la intuición. Ésta opera a través de ellos: "mientras mayor número de sentidos empleados en la investigación de la naturaleza o de las cualidades de un objeto tanto más exacto es el conocimiento que adquirimos de ese objeto”.

Sin embargo, los escritos filosóficos no establecen que es importante el equilibrio emocional para la realización de todo acto educativo tal y como es planteado por Pestalozzi. La expresión de los sentimientos es un factor que permea la propuesta pedagógica de éste autor. Así, cuando él se refiere a las disposiciones del hombre, lo que quiere señalar es que en el instruir del hombre se encuentran las motivaciones más naturales para educarse. Esta idea plantea la posibilidad de hacer de la educación un elemento terapéutico. En este sentido, el sí mismo del niño parte de la emotividad y afectividad de los otros: padres y profesores. El valor personal que cada niño asume depende de estos otros. La vida en la familia y en la escuela tienen una influencia significativa en la formación del niño como persona, pues ofrecen muchas situaciones para recibir alabanza o rechazo, para sentir orgullo o vergüenza, para ser aceptado o rechazado. En la actualidad, desafortunadamente, gran parte de las escuelas se orientan exclusivamente a la adquisición de habilidades e información, al "saber hacer". Olvidando esta fundamental aportación de Pestalozzi sobre los sentimientos y la educación.

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